Hoy abandono la lucha encarnizada conmigo misma…

libreQuiero soltar esta lucha, dejarla ir, dejar de batallar conmigo misma. Esto no significa abandonar mi camino, mi meta y mi propósito, sino la estrategia.

Hoy abandono la lucha encarnizada. Se dice que somos guerreros y que somos nuestro propio enemigo. En un sentido metafórico, así es. Pero el tipo de guerrera que quiero despertar en mí es una guerrera de la luz, sin armas que dañen, sino con amor que restaure. Es el tipo de guerrera que quiero ser. Las armas se transforman en estrategias, los escudos en amor. Y el enemigo ya no soy yo, sino las creencias negativas y destructivas que no me permiten avanzar. Y este enemigo no será atacado, será envuelto en amor para luego dejarlo ir.

Atrás quedan las batallas y las luchas encarnizadas, la carrera contra el tiempo, la angustia y la ansiedad por el futuro. Me despido del maltrato y del abuso contra mí. De las traiciones a mis propios preceptos, de las justificaciones y las excusas. Me alejo de las torturas, los regímenes estrictos, de la crítica insana y los juicios devastadores hacía mi propia persona, del creerme incapaz, de la falta de fe en mis capacidades. Me libero de la crítica externa, deja de tener importancia el qué dirán.

Así limpio el camino de gran parte de su aspereza. En su lugar queda la paciencia y la compasión amorosa por mí misma, la flexibilidad para saber que los yerros y las caídas no son más que avisos para mejorar y no pérdidas de tiempo. Queda el aprendizaje diario, el equilibrio, la alegría del camino. Y como premisa fundamental no apartar los ojos de mi meta.