Hoy abandono la lucha encarnizada conmigo misma…

libreQuiero soltar esta lucha, dejarla ir, dejar de batallar conmigo misma. Esto no significa abandonar mi camino, mi meta y mi propósito, sino la estrategia.

Hoy abandono la lucha encarnizada. Se dice que somos guerreros y que somos nuestro propio enemigo. En un sentido metafórico, así es. Pero el tipo de guerrera que quiero despertar en mí es una guerrera de la luz, sin armas que dañen, sino con amor que restaure. Es el tipo de guerrera que quiero ser. Las armas se transforman en estrategias, los escudos en amor. Y el enemigo ya no soy yo, sino las creencias negativas y destructivas que no me permiten avanzar. Y este enemigo no será atacado, será envuelto en amor para luego dejarlo ir.

Atrás quedan las batallas y las luchas encarnizadas, la carrera contra el tiempo, la angustia y la ansiedad por el futuro. Me despido del maltrato y del abuso contra mí. De las traiciones a mis propios preceptos, de las justificaciones y las excusas. Me alejo de las torturas, los regímenes estrictos, de la crítica insana y los juicios devastadores hacía mi propia persona, del creerme incapaz, de la falta de fe en mis capacidades. Me libero de la crítica externa, deja de tener importancia el qué dirán.

Así limpio el camino de gran parte de su aspereza. En su lugar queda la paciencia y la compasión amorosa por mí misma, la flexibilidad para saber que los yerros y las caídas no son más que avisos para mejorar y no pérdidas de tiempo. Queda el aprendizaje diario, el equilibrio, la alegría del camino. Y como premisa fundamental no apartar los ojos de mi meta.

¿Qué te hace falta para crecer?

crecerMe preguntaba si hay personas que se resisten a crecer. Y sí, las hay.

A veces, cuando una bofetada de la vida nos hace abrir los ojos y comenzamos a ser conscientes de que algo en nuestro interior debe cambiar, lo peor que podemos hacer es quedarnos donde estamos negándonos ese cambio. En este punto hay muchas herramientas que juegan bien su papel para hacernos permanecer en ese estado, se llaman excusas.

Y es que las excusas pueden tener varios orígenes, pero me atrevería a decir que dos son los principales, el miedo y la apatía, o una mezcla de ambos.

El miedo bloquea a una persona hasta el punto de hacerle creer que es incapaz de lograr algo. El miedo a equivocarse, a fallar, a no llegar, a ser rebatidos, a perder algo de lo bueno que se tenga, el miedo al cambio, el miedo a perder comodidad… todos juntos se convierten en los mayores creadores de excusas y evasivas.

Por otro lado está la apatía, la dejadez, la inercia y la desgana por hacer crecer las alas. El desinterés instalado en una persona y la poca gana de esforzarse debido a toda la incertidumbre generada por sus propias malas experiencias, le inmovilizan y le dejan sin recursos.

Y en el fondo de todo este miedo y esta apatía están las memorias, aquellas que se incrustaron en nuestro subconsciente y que de ninguna manera nos son útiles para generar cambios positivos.

¿Somos las mujeres más propensas a este miedo y a este estado permanente de sufrimiento por no saber qué camino tomar cuando ya nos hemos dado cuenta que un cambio es lo único que le haría bien a nuestra vida?

No se trata de géneros, sino de seres humanos que no encuentran un camino o una forma de llegar a un nuevo estado de consciencia que le sea más útil para vivir en armonía.

Y en esa incertidumbre la persona se desenvuelve cada día; día que empieza y se termina con el mismo sentimiento, de impotencia. Y en esa inercia se da cada paso, a regañadientes se avanza, para al final darse cuenta que esos pasos se dan en círculos y así vuelve todo a comenzar. Y se levanta uno con el mismo sabor amargo de todos los días, con la misma niebla presente, con la misma taquicardia de angustia, con el mismo nudo en la garganta.

Y la pregunta presente ¿puedo realmente lograr este cambio? La respuesta es un rotundo SI. Se puede lograr. Con paciencia, con constancia, con interés en sí mismo, con amor, con valentía.

La paciencia es necesaria porque, si bien es cierto que muchas personas pueden lograr cambios milagrosos e instantáneos, también es cierto que a muchas personas se nos hace complicado esto de cambiar y evolucionar, y el tiempo es la clave dentro de todo el proceso. Sin embargo, es perfectamente posible.

La constancia, porque en la repetición está el éxito. Cuando eliges un camino, cuando te decides por una o más técnicas de sanación emocional, la piedra angular es la repetición, la constancia y el empeño. ¿Qué es lo que hace genios a los genios? La práctica. Es una buena sugerencia cuando te decides a por el camino del desarrollo personal, del crecimiento y de la superación.

El interés en sí mismo es importante porque cuando estamos dispuestos a evolucionar, aquellos cambios los hacemos por nuestro propio bien, no porque otra persona nos lo pida o no porque creamos que esos cambios le van a agradar a alguien más. El trabajo es de uno mismo para uno mismo. Es el primer paso del amor propio, a veces tan dormido.

El amor y la valentía son aquellas energías que nos hacen mejores seres humanos, por eso deben estar presentes siempre en nuestros procesos. El amor nos hace mirar la vida con otros ojos y la valentía nos hace enfrentar aquellos miedos que se niegan a sucumbir.

Todos estos recursos están en nuestro interior. Iremos viendo como potenciarlos. Por ahora se despide tu voz amable en la soledad: Vivi.