Cuando de decidir ser madre se trata…

madresLas mujeres tenemos ese don maravilloso de crear vida, pero así mismo tenemos la decisión de usarlo o no, y ambas decisiones deben ser tomadas con consciencia. Sin embargo, se podría decir que la decisión de tener hijos es la que más frecuentemente se toma con egoísmo que la de no tenerlos. Hoy leía un artículo escrito por mujeres que decidieron no ser madres y pienso que es una decisión totalmente válida si se toma con consciencia y responsabilidad. Tan válida como querer serlo y tan válida como tener solo un hijo y no anhelar tener más.

Cuando una mujer decide no tener hijos lo hace porque no lo siente como su meta principal en la vida, porque tiene otros sueños. Todos los sueños son válidos cuando hacen feliz a su portador, cuando despierta la pasión innata de una misión en la vida, cuando se tiene la visión clara de cómo se quiere vivir.

La maternidad o el tener familia es solo una de las tantas opciones que nos da la vida para hacerla más bonita. Pero no es la única.

Sucede que la sociedad ha creado roles y estos roles han llegado a imponerse de tal manera que son capaces de opacar los anhelos propios del corazón. Las personas libres saben que estos roles no lo son todo en la vida. Y una mujer que decide no ser madre es una mujer que ejerce su derecho a ser libre como ser humano que es.

Por otro lado, digo que la decisión de ser madre es la que mayormente se toma con egoísmo porque me ha tocado escuchar que muchas personas deciden tener hijos por no quedarse solos, por tener quien les cuide cuando lleguen a la vejez. Y otras muchas porque están tan inmersas en cumplir a la perfección su rol en la sociedad que, incluso sin tener la vocación de madre, se lanzan a serlo, y no sólo de un hijo sino de varios. Y digo que es una decisión egoísta y poco consciente porque se da el caso de que no todas las mujeres están verdaderamente preparadas para ser una buena madre (y en ese caso para qué serlo si no se va a cumplir bien con ese papel).

Se lanzan a tener hijos y criarlos según lo que saben, con el nivel de consciencia que tengan y con las creencias que les hayan programado en la mente. No siempre estos recursos son los mejores (en hora buena si lo son). Y la consecuencia de ello se puede ver en la misma sociedad a la que lanzan seres humanos incompletos y llenos de traumas y temores. Se deciden a tenerlos para llenar vacíos, para ver si cumpliendo un rol se completa su alma. Me parece que estos argumentos son equivocados en el sentido de que tienden más al egoísmo que al altruismo o a la verdadera vocación de madre. Tener hijos para llenar un vacío, tener hijos para no estar solos, tener hijos para cumplir un rol, tener hijos para retener a alguien a su lado… y llaman egoístas y egocéntricas a las mujeres que deciden no tenerlo.

Por otro lado, no siempre ser madre se trata de tomar una decisión anticipada, simplemente llega, como a mí, que la vida se encargó de poner un angelito en mis manos sin estar lista, sin desearlo siquiera, sin haber contemplado la idea de ser madre tan joven e inexperta. Pero luego comprendí que la vida no nos da lo que pedimos, nos da lo que necesitamos. Le pedí a Dios un algo que le diera sentido a mi existencia en un momento en que mi alma estaba rota y sin ganas de volver a unirse. Y sin siquiera imaginar qué sería ese algo que pedí con tanto fervor, llegó un hermoso ser que logró, no restaurar mi alma, sino darme la fuerza para que lo haga yo misma, darme la voluntad para permanecer de pie juntando cada pieza rota de mí, y evitar que vuelva a lanzarme contra una pared y romperme de nuevo.

Quizás una mujer que recibe ese algo del universo así de improviso no esté preparada para ser madre aún. Pero Dios habla de diversas maneras a las personas, a veces maneras inentendibles. Y quizás es necesario comprender que un ser que llega de esa manera no es para llenar un vacío interior, sino para darnos el valor, la fuerza y la inspiración de reconstruirnos con nuestras propias herramientas, y crecer junto con ellos para enfrentarnos a la vida con un nuevo nivel de consciencia, con nuevos conocimientos, con creencias más útiles, con una nueva forma de afecto, con un amor sin apegos y sin dependencia, con libertad y con responsabilidad al mismo tiempo.

Quizás tanto las madres que deciden serlo, como las que deciden no serlo y las que no tienen que decidir premeditadamente sino que les llega de sorpresa, deben ser consecuentes con su situación. Las que deciden serlo que lo sean por los motivos adecuados, no por egoísmo, ni por soledad o por cumplir un rol que exige la sociedad para no ser señaladas con el dedo. Las que deciden no serlo, decidirlo de manera consciente y responsable. Y a las que la vida nos toma por sorpresa, estar dispuestas a aprender a ser madre, con todo lo que ello implica,

pero más que nada a crecer como ser humano y dar a ese hijo el mejor de los aprendizajes para así poder lanzar al mundo a un gran ser humano.

Gracias por leerme,

Con amor,

Vivi

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