Madres, entre la fe y el temor

intuicion de madreHoy escribo para ti que eres madre, porque talvez te sientes desorientada en tu labor como mamá. Te escribo para decirte que no tiene razón de ser tu confusión, porque nosotras como mujeres fuimos dotadas con habilidades innatas, que se hacen más grandes cuando nos convertimos en madres.

Quizás te sientes abrumada por no saber qué hacer o qué decisiones tomar en la crianza de tus hijos, especialmente cuando son muy pequeños. La alimentación, el crecimiento, las enfermedades, son solo una parte de un sinnúmero de aspectos que hay que tomar en cuenta cada momento del día. Y suele suceder que todo se sale de control.

Existen madres que son muy nerviosas, temerosas, indecisas. Hay madres que se alteran con facilidad, que dudan de su proceder y de su forma de crianza. Pero más que nada hay madres que sienten miedo de no hacer bien las cosas y que ceden ante las presiones de quienes les rodean sin saber si lo que están haciendo es lo mejor para sus hijos; madres que corren al pediatra y a los mil especialistas porque sienten que algo anda mal. En definitiva, viven en ansiedad y temor.

Pero el objetivo de este post no es llenarte de recomendaciones sobre cada aspecto de la crianza de tus hijos, sino analizar la situación desde una perspectiva diferente. Hablar de intuición y de cómo desarrollarla es quizá la única recomendación que no te dan entre esas miles de sugerencias de personas bienintencionadas que quieren aportar con algo para facilitar tu labor como madre. Pero es muy importante y por ello ese es el tema a tratar hoy.

La intuición, esa parte tan mágica, tan nuestra y a la vez tan subestimada. El ruido del mundo la esconde, la escabulle en lo más profundo, tanto así que no alcanzamos a verla ni a percibirla. De hecho ni siquiera nos hablan de ella como una parte importante de nosotras, a lo largo de nuestra vida. Pero la tenemos, existe y es parte de nosotras. Es un pedacito de Dios dentro de cada una, es la voz del corazón libre de pensamientos, de juicios y de opiniones externas.

Hablar de intuición es también hablar de fe en sí misma, de fe en la divinidad que nos guía, porque es precisamente la intuición esa parte divina que llevamos dentro.

Si eres creyente, sin importar a qué religión pertenezcas, sabrás que lo importante de cada doctrina es la enseñanza de la fe. (Aunque yo tengo el concepto de que la fe es un arte que no se puede aprender solo escuchando sermones o cumpliendo las prácticas y rituales propios de cada religión). La fe se cultiva dentro de uno y no hay poder humano externo que pueda ayudarte con eso. Lo de afuera solo te puede dar luces pero quien realmente aprende o no a tener fe verdadera es uno mismo. Digo fe verdadera porque me he dado cuenta que la mayoría de nosotros poseemos una fe a medias, una fe impuesta, una fe por costumbre, una fe incompleta. Y con ese tipo de fe no podemos manifestar nada bueno, sino todo lo contrario.

En todo el sentido de la palabra la fe es ausencia de miedo. Si somos personas temerosas es porque no conocemos la fe de verdad, es porque nuestra interpretación de las escrituras es errónea.

Algunos ejemplos de que no tenemos fe:

  • Cuando somos temáticos con la limpieza y el orden. Lo somos para que nuestros hijos no se enfermen, para que no contraigan bacterias, para que no se tropiecen o no se hagan daño. Ya de por sí estamos decretando que algo así sucederá.
  • Cuando ahorramos dinero. Por lo general decidimos ahorrar para alguna emergencia, por si acaso alguien se enferme, o alguna calamidad. Esa es el peor motivo por el que debemos ahorrar. Se evidencia un miedo profundo a algo que ni ha pasado, y que obviamente si tuviéramos la fe suficiente en que el cielo nos protege nunca nos pasaría.

Y no es que sea malo ni ahorrar ni ser ordenado. Son los motivos por los que lo hacemos, los errados. Porque es por miedo, temor a que algo suceda que tomamos todas esas “precauciones”. Diferente sería que hagamos eso mismo pero con otros motivos. Ahorrar porque quiero disfrutar la vida, viajar cuando se me antoje dar una vuelta con la familia, compartir, etc. Ser limpia y ordenada porque me gusta sentir armonía en mi hogar, en mi ambiente, que todo huela fresco, etc.

Y no solo decirlo, sino hacerlo con esa vibración, con esa energía que solo los buenos pensamientos, sentimientos y acciones tienen. Una cosa es decirlo solamente y por dentro estar muriendo de miedo y dudas. Toda tu buena energía debe acompañar a esa buena intención, sino te resulta todo lo contrario.

Analiza y verás cuantas situaciones así se presentan en tu día a día como madre, y talvez te percates de que uno mismo es quien crea las situaciones que vive, sea con buenas o malas energías. Así se crean los buenos y los malos días, las buenas y las malas situaciones.

Sin embargo, para todo hay solución y esta es cambiar esa forma de pensar, de sentir y de vibrar. Sí, se ve complicado y no es un cambio que se pueda lograr de la noche a la mañana, pero es algo imprescindible para cambiar la situación en la que nos encontramos. Como bien diría Viktor Frankl:

“cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el reto de cambiarnos a nosotros mismos”.

A  veces  me  sorprende  ver  la cantidad de creyentes que vivimos en el miedo.  O sea, ¿en qué estamos creyendo?

Entonces, “el que no enciende luces que no se queje de que está oscuro”. En tus manos está cambiar tu realidad y la de tus hijos. Desarrolla tu intuición y déjate guiar por ella, deja de temer en las fatalidades, en las enfermedades. El temor es un convencimiento tan fuerte que se manifiesta más rápido que cualquier otra cosa. Todo lo que temes se hará realidad. El temor es una energía muy grande y muy oscura, no se puede esperar nada bueno cuando se vive en temor. (mira este post en facebook)

Nos hicieron creer en un Dios justiciero y creador de todas las “pruebas que nos pone la vida” (cuando hablamos de fatalidades) cuando en realidad somos nosotros mismos quienes las creamos con nuestras propias energías mal encauzadas. Ese poder que tenemos de crear nuestras circunstancias es el poder del mismo Dios, por algo la Biblia nos dice que fuimos creados a imagen y semejanza de Él.

Lo contrario del miedo es la fe, la energía más pura y buena que viene de Dios mismo. Acrecienta tu fe, desarrolla tu intuición, deja de temer. Muchas personas vamos en ese camino. Es un camino largo pero hermoso.

Cada vez que llegue un temor a ti, pon las manos en tu pecho y di con fervor:

“Yo no tengo miedo, no quiero el temor. Dios es amor y en toda la creación no hay nada que temer. Yo tengo fe, quiero sentir fe”.

Repítelo cuantas veces sea necesario a lo largo del día. La repetición hace al genio, la práctica al experto, la constancia al ganador. El poder que tiene la palabra es inmenso. Por repetición la llevamos a nuestro subconsciente que es quien maneja automáticamente todas nuestras actitudes tanto correctas como erróneas. Así modificamos actitudes.

La intuición es la inteligencia divina que llevamos dentro. Para hacer crecer tu intuición, pon las manos en tu pecho y di:

“Dios es mi Sabiduría, de manera que no puedo errar. Dios es mi inteligencia, no puedo sino pensar correctamente. No hay pérdida de tiempo ya que Dios es el único hacedor. Dios actúa a través de mí, de manera que siempre estoy actuando correctamente, y no hay peligro de que yo obre incorrectamente. Yo pienso lo indicado, de la manera indicada en el momento apropiado. Mi trabajo siempre está bien hecho porque es el trabajo de Dios. El Espíritu Santo siempre me está inspirando. Mis pensamientos son frescos, nuevos, claros y poderosos como cuadran a la Omnipotencia. Mis oraciones son manufacturas del Espíritu Santo, poderosas como el águila, y mansas como la paloma. Salen en el Nombre de Dios mismo y no pueden regresarme vacías. Cumplirán aquello que a mí me regocije, y prosperarán en aquello a que sean dirigidas. Doy gracias a Dios por esto”.

Cuando sientas temor por la seguridad de tus hijos, por las enfermedades, etc., di lo siguiente:

“De acuerdo con la voluntad de Dios, yo no quiero que mis hijos sufran enfermedades, inarmonías, accidentes, ni que mueran antes de haber cumplido su cometido en este mundo. Por lo tanto, no habremos nunca de sufrir, ni ellos por mi ausencia ni yo por la de ellos. Esa es la Ley de Dios y yo me amoldo voluntariamente a ella. Gracias Padre por tu grandeza”.

 Cuando lleguen a ti esas ideas de fatalidades (que sé que a toda madre nos llega), rechaza y aleja la idea de ti diciendo:

“No, gracias. No me eres necesaria. Conozco la Verdad”. Y luego piensas en otra cosa.

Así, poco a poco irán mejorando tus circunstancias. Solo tienes que creer.

Recuerda que “todo es posible para aquel que cree”.

Los milagros y las manifestaciones no se producen por orar, sino por creer en lo que se ora, creer fervientemente en la palabra dicha. Creer es tener fe, tener fe es la ausencia de miedo. Todo es una cadena. Tú misma te darás cuenta.

Seguramente habrá miles de recomendaciones que te puedan dar para la crianza de tus hijos. Esta es la mía y te la envío con amor.

Gracias por leerme.

Recuerda que puedes comunicarte vía Facebook o Skype.

PD: Este post contiene partes de una carta que escribí para una gran amiga que me pidió consejo. Las oraciones fueron extraídas de uno de los libros de Conny Méndez. En próximas entregas te hablaré de este hermoso libro. Espero te sea de utilidad a ti también.

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